LÍNEAS DE TRABAJO

CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD Y ÁREAS PROTEGIDAS.

1.

De acuerdo al Convenio de la Diversidad Biológica, la biodiversidad se define como “La variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas”.

 

Por eso se entiende la biodiversidad como el producto de un proceso evolutivo de interacción entre lo biofísico y finalmente también en muchos casos, lo humano. En ese sentido, la cultura se asocia a la diversidad biológica como un proceso de construcción de conocimiento y apropiación entre los seres humanos y la naturaleza, pues históricamente la biodiversidad se ha incrementado a partir de las prácticas con las cuales diferentes pueblos han influido en los procesos evolutivos naturales. Esa interacción ha evidenciado la valoración que la sociedad le ha dado desde la antigüedad, la cual se ha perdido paulatinamente desde el momento en que se asume una ruptura entre la naturaleza y la cultura.

 

La otra transformación se ha venido dando al pasar de una valoración social y cultural de la biodiversidad, a una valoración estrictamente económica impulsada por el actual modelo de desarrollo, el cual la promueve como una riqueza potencial que permitirá el desarrollo de diversas industrias, en especial la farmacéutica, modelo que también empieza a ser revaluado.

 

Abordar la conservación de la biodiversidad a partir del estímulo de su uso y aprovechamiento sostenible y de la implementación de acciones de preservación son respuestas a los problemas actuales de deterioro, pues la situación mundial y nacional de pérdida de biodiversidad es uno de los problemas ambientales más graves de la actualidad. Según la Política Nacional de Biodiversidad, Colombia, a pesar de ser considerado un país megadiverso (con una del 0.7% de la superficie del planeta, alberga alrededor del 10% de las diferentes formas de vida que se conocen en la actualidad), también presenta uno de los valores de pérdida más grandes del mundo, pues se considera que por lo menos una tercera parte de la cobertura de bosques inicial se ha destruido y un gran número de sus especies conocidas se encuentran en listas de amenaza.

 

En el caso del Valle del Cauca, debido a sus caracterísiticas particulares de altura, clima, topografía, temperatura, se han generado condiciones únicas para concentrar endemismos, diversidad de ecosistemas, de especies y de paisajes. El Valle se encuentra en dos de las provincias biogeográficas más importantes del planeta por su concentración de biodiversidad (Andes del Norte y Chocó biogeográfico, que además también son de las más amenazadas o hotspots). Igualmente, esa riqueza de ecosistemas está ligada a una riqueza cultural que se manifiesta mediante la presencia de diferentes grupos étnicos y culturales (afrodescendientes, indígenas y campesinos).

 

De acuerdo a los datos del Grupo de Biodiversidad de la Corporación Autónoma Regional del Valle, CVC, en peces dulceacuícolas en Colombia hay identificadas 1357 especies de las cuales, 34 están amenazadas; en el Valle hay 165 especies y 45 están amenazadas. En anfibios hay reportadas 733 especies en Colombia y 217 de ellas están amenazadas, mientras que en el Valle se encuentran 163 y 29 de ellas están amenazadas. En reptiles en Colombia se ha reportado 520 especies, 25 de ellas amenazadas; 135 especies se encuentran en el Valle y de ellas 29 están amenazadas. En aves Colombia reporta 1875 especies, siendo el país con mayor número conocido, de ellas 153 amenazadas, mientras que en el Valle hay 818 y de ellas 161 están en algún nivel de amenaza. En mamíferos hay 447 especies identificadas en Colombia, 43 se encuentran amenazadas, en el Valle hay 210 de las cuales 44 están amenazadas.

 

A lo anterior se añade el estado de deterioro de los bosques. De acuerdo al estudio de zonificación de bosques de la CVC en 2008, del 1.214.930 hectáreas que tienen las 36 cuencas hidrográficas de la zona andina, solo hay una cobertura de bosques naturales de 220.107 hectáreas que corresponden al 18.12% del total del área. De ellas, el 25,65%, es decir, 56.455 hectáreas se encuentran en una cuenca del Pacífico y se identificó que el 47% del total de los bosques se encuentra concentrado en tres cuencas cuyo estado igualmente es deforestado en grado aceptable y regular. Se añade a esto que estos bosques en su mayoría son fragmentados, alargados lo cual incrementa el nivel de los impactos sobre la biodiversidad que subsiste allí. Estos datos son alarmantes, pues de acuerdo a la CVC, del 1.073.886 hectáreas de las cuencas de la vertiente del Cauca, el 41.7% corresponde al uso potencial de tierras forestales y de ellas, el 27.8% a tierras forestales protectoras, lo que arroja preliminarmente 362.775 hectáreas en conflicto de uso.

 

Esta situación agrava otro problema que es la disponibilidad de agua. A pesar de que el Valle del Cauca, es un Departamento que cuenta a nivel general con una buena oferta hídrica, a nivel local, la situación es otra. A pesar que la mayor cobertura de bosques aun existentes en la zona andina del Valle se es la que se encuentra en áreas protegidas tanto regionales como nacionales, estas no alcanzan a abastecer las zonas urbanas y mucho menos las zonas rurales donde se presentan fenómenos drásticos de desertificación (ver Plan Nacional de Lucha contra la Desertificación y la Sequía). Por ello, los municipios han buscado avanzar en la adquisición de predios para conservación del recurso hídrico amparados en la legislación nacional que dispone esa obligatoriedad. No obstante, esta sigue siendo una alternativa que aislada no genera los impactos esperados, pues por lo general, no existen procesos sociales de conservación asociados. De hecho, en el Valle del Cauca los municipios han adquirido más de 15.000 hectáreas en predios para proteger las zonas abastecedoras de acueductos municipales, pero muchos de ellos se encuentran invadidos y deteriorados.

 

Todas estas situaciones obligan a pensar en la necesidad de frenar los factores de deterioro de estos ecosistemas mediante una estrategia que conlleve a buscar soluciones integrales al problema, siendo una de ellas, el establecimiento de sistemas de áreas protegidas, tanto de uso múltiple como de carácter estricto, que permitan abordar la conservación desde el nivel local articulado al nivel regional y nacional con Enfoque Ecosistémico. Los Sistemas Locales o Municipales de Áreas Protegidas, permitirán visualizar un ejercicio de ordenamiento y planificación del territorio que apunte a garantizar su estructura ecológica principal, es decir, el “Conjunto de elementos bióticos y abióticos que dan sustento a los procesos ecológicos esenciales del territorio, cuya finalidad principal es la preservación, conservación, restauración, uso y manejo sostenible de los recursos naturales renovables, los cuales brindan la capacidad de soporte para el desarrollo socioeconómico de las poblaciones” (Decreto 3600 de 2007).

 

La construcción de los sistemas municipales y/o locales permitiría partir desde la planificación más local (la vereda, la microcuenca u otra unidad), para tocar escalas más amplias como los planes de ordenamiento de cuencas, el SINAP, el ordenamiento forestal nacional, u otros. El valor diferencial de esta estrategia es que las poblaciones puedan planificar desde el referente de territorio con el cual se identifican y generan relaciones sociales, bien sea Municipio, vereda, comuna, corregimiento, cuenca en los casos en que es así como el Pcífico, u otra área cultural. Proponemos el área del Municipio como dinamizador por el papel que tiene en el ordenamiento territorial, pero sin desconocer las realidades ya enunciadas.

 

En este contexto y desde la perspectiva de la FUNDACION TROPICO, la biodiversidad es una expresión de vida, la cual, independientemente de su utilidad a la sociedad humana, tiene un sentido y un lugar en el universo y por tanto debe ser protegida. No obstante, sí consideramos la biodiversidad como una posibilidad de desarrollo social para la humanidad. Es claro, que efectivamente existen una serie de servicios ecosistémicos derivados, por lo cual el ejercicio que se desarrolla actualmente desde la propuesta de Evaluación de Ecosistemas del Milenio (2005), pretende mostrar que estos servicios van más allá de la valoración mercantil y abordan los ecosistemas como potencial de desarrollo social con una mirada desde el bienestar humano, la posibilidad de salud, la cultura, el espacio de vida, las relaciones sociales, los conocimientos, etc.

 

La gran inquietud se plantea con relación a la aplicación del discurso en la realidad social de aquellos pueblos que poseen la mayor parte de la biodiversidad del mundo y paradójicamente son los más pobres. Desde esa mirada, consideramos que es necesario que el conocimiento tradicional alrededor de la biodiversidad, que ha logrado a través de la historia mostrar su solidez, también deba ser protegido, que la diversidad natural y no la creada genéticamente, debe ser potenciada recuperando y fortaleciendo las semillas tradicionales y los ecosistemas naturales y agroecosistemas. Creemos que las fincas campesinas deben ser bancos de germoplasma fundamentados en el conocimiento tradicional y el diálogo intercultural y que la agro biodiversidad también debe ser protegida y fomentada para mejorar el acceso a la alimentación sana y diversa.

 

En conclusión, la FUNDACION propone un modelo de conservación de la biodiversidad en todos sus niveles y a cuyos beneficios tengan acceso todas las poblaciones de manera justa y donde sea tan válida la estrategia de preservación como la conservación y el uso sostenible. Por ello consideramos los sistemas de áreas protegidas como posibilidad de desarrollo local, como reservas de vida que toda la sociedad debe cobijar y defender.

 

Las áreas protegidas son espacios que se delimitan, declaran, manejan y administran con el fin de garantizar la conservación de la biodiversidad de ecosistemas, especies, paisajes y también de garantizar la oferta de servicios ecosistémicos como alimentos, agua, medicamentos, madera, regulación climática, aire, esparcimiento, control de inundaciones, prevención de erosión, entre muchos otros. Igualmente las áreas protegidas permiten garantizar el espacio para el mantenimiento de culturas que han desarrollado conocimientos y prácticas a beneficio de la conservación de la biodiversidad.

 

La FUNDACION impulsa la estrategia de áreas protegidas en el marco de la construcción de Sistemas, pues estos permiten generar conectividades ecológicas y sociales que incrementan la efectividad de las áreas declaradas. Desde lo local, se propone la conformación de Sistemas Municipales de Áreas Protegidas, las cuales deben obedecer a los objetivos de conservación de las áreas.

 

2.

Enfocamos la agroecología como una propuesta política que aporta al desarrollo humano sostenible en la medida que posibilita la disminución de la dependencia externa de insumos que deterioran el entorno y la salud humana, garantiza la alimentación de la población, disminuye el impacto sobre el medio ambiente, promueve la presencia de la biodiversidad, permite la generación de excedentes dirigidos al comercio justo y fortalece el trabajo asociativo y la recuperación cultural.

 

Para ello promovemos la producción agropecuaria y el manejo y el uso de la biodiversidad, basada en principios ecológicos, diálogo intercultural, generación de insumos ecológicos, soberanía alimentaria, participación y control de la producción y comercialización.

 

El mundo actual vive una de sus peores crisis alimentarias y de agua, con un alto porcentaje de la población de la tierra padeciendo hambre y sed. Bajo esas circunstancias es imposible pensar en la conservación de la naturaleza, pues es sabido que la mayor parte de la biodiversidad de la tierra se encuentra en las zonas más deprimidas. Cada día, con la imposición del modelo actual de la Revolución Verde, las poblaciones rurales pobres se ven más arrinconadas, con sus tierras deterioradas, dependientes de insumos externos y sin capacidad de adquirirlos, con insuficiencia de agua para producir y con la menor cantidad de tierra disponible para la producción (los grandes emporios agrícolas del mundo tienen la mayor cantidad de tierra para la producción). Esa dependencia acentúa cada día el fenómeno del desplazamiento de los sectores campesinos a las urbes modernas.

 

Por su poca capacidad de producción, el campesino actual no alcanza a producir lo suficiente para garantizar la comercialización de sus productos, pues además, desde su racionalidad económica, tampoco se ha dado un proceso de adaptación el modelo actual. Por otra parte, los sistemas de crédito solo terminan hundiéndoles más en la miseria. Se añade a ello, que el paso del policultivo al monocultivo, impulsado desde las agencias de desarrollo, hizo que se perdieran semillas nativas o adaptadas a los entornos locales, igual que diversidad en los cultivos y con ello se afectara la producción de alimentos para la familia. En este momento, en general, el campesinado tradicional se viene dedicando a un tipo de producto habiendo abandonado la producción de alimentos, los cuales son adquiridos con la venta de lo producido en su finca.

 

El modelo anteriormente señalado, el cual va en detrimento de la soberanía alimentaria de los pueblos, es insostenible social y ambientalmente. Por esta razón, la FUNDACION TROPICO ha orientado su trabajo agroecológico a la recuperación de la agrobiodiversidad y la sabiduría tradicional relacionada, el diálogo intercultural que permita el campesinado acceder a tecnologías modernas alternativas, a la recuperación de la soberanía alimentaria, al fortalecimiento de la economía familiar y al impulso del trabajo asociativo, buscando llegar a un punto de equilibrio donde el pequeño productor rural asegure su producción alimentaria generando excedentes para comercializar de manera justa.

 

FORTALECIMIENTO DE LA ORGANIZACIÓN COMUNITARIA, LA PARTICIPACION DEMOCRATICA Y LA EDUCACION Y SENSIBILIZACION AMBIENTAL.

3.

Vemos la participación como un medio y un fin en la medida que posibilita ser parte de, con lo cual, además, se logran fines esenciales del desarrollo humano sostenible.

 

La participación entonces es un proceso cualificado de negociación y un ejerció democrático de los deberes y los derechos como ciudadanos y sociedad.

 

En esa medida, la educación, la organización comunitaria, la comunicación, la sensibilización, son estrategias transversales sin las cuales la participación no es posible, pues ésta solo se concibe como la capacidad y el poder de tomar decisiones y actuar con conocimiento y responsabilidad (ética).

 

La Fundación fortalece e impulsa procesos de formación de capacidades y estimula la reflexión social y comunitaria sobre la identidad y la cultura, la organización social, la responsabilidad social en la conservación, los intereses y amenazas, así como las potencialidades de la conservación.

 

En ese sentido se han desarrollado permanentemente acciones de educación ambiental y formación ciudadana ligadas a todos los procesos, tanto de producción como de áreas protegidas.

 

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